Tierra húmeda
- Ela

- 3 abr 2020
- 1 Min. de lectura
Hablemos de vida
La estoy cuidando.
A través de plantas que aceptan vivir en mí, como yo en ellas.
Recibir lo que son y otorgarles lo que merecen.
Florecer mientras se entrelazan mis dedos y el agua en su tierra.
Hablemos de comienzos.
A veces quisiera que regresaran a ser semilla.
Que pudieran germinar de nuevo bajo delicados cuidados.
Y yo quisiera germinar para empezar a vivir.
Quisiera reducirme a ser una hoja también.
Para volar y ser parte de un todo más grande.
Y viajar para entender lo que existe.
Hablemos de alimento.
Ellas saben su verdadero significado.
Es esfuerzo y ganancia.
Me esfuerzo, ellas igual, las riego, y ellas a mí.
Crecemos en nuestra fotosíntesis espiritual.
Hablemos de mis manos.
Gracias a ellas puedo reproducirlas.
Y que sean más plantas para amar.
Puedo convertirlas en más.
Para que puedan ser para alguien más.
La belleza de ellas está en la vida que enseñan.
La que me permiten construir.
Y lo que somos cuando creamos una dependencia.
No por la belleza de la dependencia.
Solo por ellas.
Ninguna de ellas se llamaría sobrevalorada.
Tal vez solo común.
No hay flores que sirven como excusa de presente.
Solo hay abundantes almas cautivadas por ellas.
Es necesario compartirlas.
Quisiera ser planta, para recibir menos de lo que puedo dar.
Y darlo con suficiente majestuosidad.



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