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Por suerte, tenemos plantas

  • Foto del escritor: Ela
    Ela
  • 6 ago 2021
  • 8 Min. de lectura

Sospecho que solo así puede ser la historia —cuando digo «solo» no me refiero a una simpleza, sino a un resumen tan completo como bello—; una colección de conflictos y personajes que evolucionan para cambiar el curso de todo lo que alguna vez ha existido o existirá. Recuerdo haber normalizado esta tarea como una inocente práctica que debía aprender solo por la necesidad de una calificación, ahora más que tarea es un resumen del funcionamiento del mundo: hablo de la polinización.

Para una fácil descripción de ella, puedo partir con lo necesario (naturaleza), luego necesito el proceder (jerarquías o solo relaciones) y finalizo con el aprendizaje que tiene la esperanza de ser, cuanto menos, eterno (reproducción). No me atrevo a cuestionar que esta mecánica nos mantiene con vida; es eficiente, pacífica y objetiva. No puedo hacer más que alabarla cuando, aparte de todo, también es bella. ¿Quién puede negarse a la imagen de una abejita posando sus pequeñas patas en medio de una flor con pétalos de colores encendidos, simulando casi un beso? Esta es la obra que nace de cómo empezamos por satisfacer necesidades básicas, como los insectos que buscan el néctar, y en esa búsqueda nos cruzamos con otro individuo que ofrece ayudarnos en nuestro objetivo, para así continuar ofreciendo y recibiendo, como los insectos nuevamente hambrientos y las flores desesperadas por dar una semilla, hasta que no podamos sostener el intercambio: un proceso que comienza cuanto antes y no busca terminar. Hasta este punto es una imagen que embellece nuestros objetivos sociales, pero en ella, al igual que en nosotros como colectivo, hay más contexto que estamos ignorando.


Rosas y privilegio

Tantas son las flores, que ninguna protesta es destacada cuando se cuestiona resumir a todo el grupo en unas cuantas especies. Si busco «flores», a secas, en Google predominan rosas, tulipanes, lirios y geranios, con algún ocasional girasol o una desconocida en un artículo sobre las flores más exóticas del mundo. Son preciosas todas, claro está, pero es igualmente evidente quién estaría en la punta de la pirámide al momento de tomar decisiones, o representarlas en alguna discusión. Tal vez no sean las más fuertes —como la, claramente, titan arum—, ni las más brillantes —como las passiflora que se las ingenian para dejar a las pobres espinas como un vergonzoso mecanismo de defensa—, pero serían la imagen del grupo y así también lo hemos aceptado. Su estructura es amable, invitan a los insectos a pasar el rato sin mucho esfuerzo, son abundantes, con un dulce aroma y fáciles de adaptar en el ambiente, es comprensible que ilustren constantemente la polinización cuando se enseña.

En el caso de las rosas —por resumir de alguna forma al grupo de las celebridades—, hay un cariño presente hacia ellas como parte de la élite, porque parece incluso accidental la forma en que llegaron a su posición. No es un clarísimo ejemplo de selección natural, como otros casos, solo han perdurado y son bonitas y hacen bien su trabajo como flores, por lo que no hay desprestigio en ellas como parte de ese cargo. Es justo este el contraste con las travesías del poder en un contexto más cercano, pero, en ambos caso, el poder es claro y presente; hay un orden social que en un caso daña mucho más.


Arañuela, salvia y olvido

La arañuela es la flor más caótica que conozco, y me encanta. La polinización tiene protagonistas comunes: los insectos, el viento o algunos animales que se comen el fruto, por resumir rápidamente las formas más famosas de desarrollar la tarea. Pero, también hay un caso un tanto más específico: la maduración del polen, donde entra la arañuela. Resulta que, para que se dé la polinización, el polen en los estambres debe caer en el pistilo y esa es la forma de fecundar un gameto en las flores, usualmente esto lo hacen las abejas con sus patitas, pero hay casos como el de la arañuela que requieren un esfuerzo mayor. Su estructura es menos armoniosa que la de la rosa; el pistilo es mucho más alto que los estambres y no está equitativamente distribuido, lo que termina siendo una trampa para las abejas que dudan de ese néctar desesperado que les ofrecen, y un obstáculo para el polen que llegaría con el viento. Debería ser una flor que se perdió en los registros de la selección natural haciendo de las suyas, pero, de hecho, es de las pocas que logró sacar provecho de su propio envejecimiento: llega un punto en que pistilo y estambres alcanzan la misma altura, ya a una edad avanzada, y logran juntarse para que la flor pueda valerse por sí misma y no se desvanezca. Esto sería impresionante, de no ser por la salvia que fue un poco más táctica. Siendo más objetiva que la arañuela, esta flor realiza una maniobra que Maurice Maeterlinck denomina «protenandra», lo que quiere decir que los estambres maduran primero que el pistilo y así, cuando los estambres ya se secan, liberan el polen sobre el pistilo que aún es joven y pueden dar lugar a la polinización. Acelera el proceso, pero solo parcialmente.

Flores condenadas a desaparecer por no envejecer de la mano con el mundo, pero que rompieron el pronóstico para ellas y se defendieron a sí mismas en una evolución que no esperó por ellas. El olvido nunca había sido tan poco definitivo en el crecimiento de cualquier individuo.


Sigilo de abejas e injusticia

En ese proceso que realiza la salvia, se encuentra incluso una red criminal que, como si no fuera suficiente, se da en complicidad con las abejas: como si pudiera predecirlo, una flor vecina se estira disimuladamente hasta que el polen está a punto de caer y puede introducir su pistilo en la escena para llevarse el botín. Cuando esto no es suficiente, una abeja vuela «inocentemente» y atrapa el polen en su espalda, para luego dirigirse a otra flor y simplemente depositarlo en ella. Es una fortuna custodiada y codiciada por todas las flores de salvia, que se las ingenian para reducir su tiempo de espera, con todos los participantes que puedan necesitar.

Si las abejas lo saben, todo el desprecio de la justicia cae sobre ellas. Y, si lo ignoran, ¿acaso les creerán, o hará algún cambio? ¿Se sentirá mejor la flor, tal vez?


Orquídeas y educación

Ellas son reinas, en un sentido autoritario y meritorio, son brillantes y usan esa cualidad a su antojo, con intereses egoístas y benevolentes a la vez; como les plazca o como sus estudios muestren que es mejor para la población. Existen muchísimas especies de orquídeas, cada una más variada que la anterior, con formas que se asemejan a animales, cosas, y básicamente cualquier referencia por ahí seguro tiene una orquídea parecida. Pero hay una —la favorita de Darwin— que es bastante sutil con su cometido: la catasetum. Ella tuvo una gran idea: cuando una abeja se acerca por su néctar, con sus patitas activa una trampa que le deja pegada una pequeña vaina con polen en su espalda, la abeja luego la dejará al entrar en otra flor y la orquídea solo tendrá que confiar en que ese polen terminó en un buen lugar. Y, como si las orquídeas no se hubieran burlado lo suficiente de las abejas, también existe la ophrys apifera; una flor que desarrolló algo así como la imitación de una abeja hembra, con aroma idéntico y todo, para atraer a todas las abejas macho sin tener que producir ese néctar, como el resto.

Las orquídeas, en particular, han usado años de evolución para hacerse la vida más fácil y hacérsela más bonita y divertida a quienes ven esas formas, aunque tal vez no tanto a las abejas. Puede que nazca como un gesto egoísta, una simple supervivencia, pero al menos no conservan el aprendizaje para sí mismas y exponen su intelecto para que otros se deleiten, seguro que alguna flor ha aprendido algo de ellas. —Healing the world with comedy... while being paid and being the center of attention—.


Nenúfares e historia

Sí, las abejas se merecen un poco el rechazo por su complicidad, pero, la verdad, no son más que víctimas convertidas en piezas de un rompecabezas mucho mayor. En su defensa, es una forma de «trauma response» a su historia con las primeras flores: los nenúfares. Como primeras angiospermas, podían establecer las reglas en el campo de la polinización: luego de conseguir atraer a las abejas, su muy enrevesada estructura las mantenía un buen rato caminando y buscando llegar al néctar, para aprovechar un descuido y cerrarse. Así, de repente, dejando a la pobre abeja dentro para asegurarse de que sí o sí dejara el polen en el pistilo. Tan abruptas y tan poco amables se presentaron, que las abejas no tuvieron más opción que cooperar con las flores en todo lo que les pidieran para evitar esa experiencia.

O bien, están estudiando a las flores para debilitarlas justo donde sepan que les hará daño. Difícil predecir a las abejas, pero conocer su historia ayuda a entender sus maniobras y qué tipo de ofertas pueden sonar tentadoras o amenazantes para ellas.


Mariposas y generalización

Como mencionaba antes, las passiflora tienen un mecanismo de defensa mucho más interesante que las típicas espinas. De esta forma, presentan a una nueva amenaza que, personalmente, no esperaba: las mariposas. Aquí las mariposas intentan apelar un poco a las emociones diciendo que no buscan atacar, que solo buscan un lugar para dejar sus huevos, pero esto es bastante tramposo. Así como la desaparición de una especie, por más pequeña que parezca, puede alterar a todo un ecosistema, un pequeño huevo atrae a toda clase de plagas que no le harán ningún bien a la flor. Las passiflora, con toda la razón, desarrollan unas hojas que pueden hacer infinidad de cosas, pero principalmente dos: simular la silueta de mariposas para dar la impresión de que ya no hay espacio para una más, o pintar con pequeños puntos amarillos sus hojas para simular que una mariposa llegó primero y ya puso sus huevos. Aquí no se busca cooperar con el insecto que se acerque, sino establecer un dominio, evitar lo máximo posible una amenaza y prepararse para lo peor.

La generalización solo embellece a otros insectos que, a su manera, tienen una parte en las plagas que atentan contra la vida de una flor. Todas las alas son culpables en la polinización, algunas cooperan, otras son castigadas y otras son ignoradas mientras hacen estragos, pero todas llegan al mismo punto: hacer parte.


Plantas carnívoras y redención

La nepenthes rajah es una planta carnívora que ofrece una muerte lenta bastante turbia: cuando un insecto se acerca al néctar, se ve obligado a adentrarse en ella para conseguirlo, naturalmente, el problema es que no puede sujetarse de las paredes y termina por resbalar hasta caer en un líquido que lo succionará hasta descomponerlo y que la planta lo digiera. Incluso se han encontrado restos de ratones en su interior. Es inquietante que exista tan sutilmente, pero ella tiene otra historia para contar, un tanto mas optimista: hay algunos mamíferos pequeños que llegan a ella por el néctar, y pueden tomarlo sin adentrarse, por lo que solo lo toman y se van sin ningún riesgo. Pero lo que ignoran es que la posición que deben tener para alcanzar el néctar permite que las heces en sus patas caigan al interior de la planta, y así ella también pueda alimentarse.

Un principio algo violento que, con la ayuda de unos individuos diferentes a los usuales, puede resultar provechoso para todos. Una redención, podría decirse, pero sin un verdadero cambio es difícil conseguir el perdón.


La historia no se resume en principios ni hechos concretos, mucho menos las relaciones que surgen en medio del conflicto o el triunfo, pero cada imagen alrededor se convierte en un reflejo de las prioridades a lo largo de los años. Todo cuenta su historia, y es inevitable ser sensibles a identificarnos con cualquier detalle.

De hecho, todo: ¡bendito seas, Carlos Magdalena!

 
 
 

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