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No me abandonaron

  • Foto del escritor: Viento Invernal
    Viento Invernal
  • 20 mar 2021
  • 4 Min. de lectura

Aún recuerdo la vida antes del cambio: los autos, la bulla, la felicidad, el estrés. Era más fácil conseguir comida, solo debía maullar un par de veces en la ventana de algún local, y por amabilidad (o exasperación), caían frente a mí los restos de alguna carne. No siempre era lo mejor, pero servía para mantenerme la panza llena. Cuando lo pienso me pongo triste: era feliz gracias al trabajo de los humanos, podía ser libre porque ellos estaban esclavizados a su rutina.

La ciudad está vacía, los autos se han oxidado y las calles están rotas por culpa de raíces. Algunos edificios se han caído y otros se mantienen en pie por el musgo que rellena las grietas. Igual, todos fueron tomados por la naturaleza, rodeados por vides y vainas. No me quejo, puedo treparlas y de paso afilar mis garras.

Algo bueno de que todos hayan desparecido, es que puedo dormir en cualquier parte y no ser despertado por los ofuscantes gritos de dos tontos que chocaron sus autos.

Quizás debería buscar una colonia de gatos, las noches serían menos frías, pero cuando pelean hacen ruidos infernales que detesto, mejor me quedo solo. Además, aún no puedo irme de la ciudad.

En este tejado no llega casi brisa, a pesar de que está despejado y el sol se alza reinante, el suelo está frío. Es cómodo. Aún es temprano, creo que dormiré aquí.

Casi nunca sueño, puede que ni siquiera haya logrado dormir de verdad. Cierro los ojos y veo el sol a través de mis párpados carmesí, no puedo evitar verlo; es cálido y agradable. Pero si me volteo o me encierro en mí mismo, solo veré oscuridad y no puedo dormir con sombras rodeándome. ¿Y si alguien me ataca? ¿Y si regresan todos y me matan por estar durmiendo en un techo privado? He visto humanos que han matado a mis hermanos por menos.

Después de todo, este no parece un buen sitio para dormir, demasiado abierto, no me da confianza.

Las vides y vainas que se apoderaron de la ciudad parece que están hechas a mi medida, es muy fácil saltar de una a otra, me divierten con sus enrevesados recorridos y desembocan en departamentos dignos de que les eche un vistazo. La mayoría están ordenados, aunque sucios y llenos de polvo. Me gusta treparme en los armarios, acostarme en camas ajenas y tumbar las cosas, pero me hace pensar: si alguien vuelve y viera todo el caos que causé, ¿estaría enojado por haber desaparecido o porque todo está patas arriba?

No me considero un buen cazador, solo un gato con mucha suerte. Las vides conectan con nidos, las casas abandonadas albergan huecos por los que puedo pasar y encontrar varios ratones. No es tan rico como la comida humana, pero es suficiente para sobrevivir. Extraño el pollo picante que compraba Lucy y cuando preparaba ese pescado suave y jugoso. Odiaba cuando me regañaba por subirme a la mesa y devorar lo que hubiera. ¿Por qué se enojaba si lo había dejado abandonado? Que extraños son los humanos. ¿Me extrañará a mí? Habiendo tantos gatos en el mundo, ¿por qué me rescató a mí? Después de haberle dado tantos dolores de cabeza con mis travesuras, ¿por qué me seguía queriendo?

Al atardecer es la mejor hora para tomar una siesta, el sol calienta, pero no quema y la brisa pasa como una caricia, una caricia…

No puedo tomar una siesta ahora, debo volver a casa. La noche es oscura y está llena de terrores, por mi imprudente valentía casi pierdo un ojo, no puedo arriesgarme más, aún no puedo morir, ella puede volver en cualquier momento.

El camino de regreso siempre es más corto, quizás porque conozco estas calles como la huella de mi pata. La sinfonía de la destrucción no es lo suficientemente alta para despistarme de mi camino: una larga carretera que en cinco cuadras llega a un conjunto residencial de pequeños y blancos apartamentos. A veces escucho la voz de Lucy, otras, oigo el agua hervir. Me estoy volviendo loco, no, Lucy me volvió loco después de ponerme tantos vestidos y cosas. Era horrible todo eso, las chaquetas, los collares, los sombreros. Me asfixiaban. Pero ahora que soy libre ¿por qué extraño los estrujones que me daba en los abrazos?

Ahora que soy libre… ¿Qué voy a hacer?

No hay nadie que me niegue subirme a los estantes, que me regañe por robar comida o que me prohíba salir cuando lo deseo.

El silencio llega a ser abrumador y la soledad estremecedora. Ni mi pelaje blanco es capaz de librarme de la oscuridad.

Pero soy un gato, eso no debería importarme, me las arreglaré solo, como hice en el pasado. Después todo, antes de Lucy yo era libre y feliz. ¿Qué fue lo que cambió? ¿Qué fue lo que me hizo disfrutar del encierro?

Cuando entro al conjunto voy a la fuente central, suele haber agua limpia, pero la estatua de un hombre alado en la cima nunca me ha gustado, siento que me juzga. Si no bebiera aquí, tendría que ir hasta el rio, que debe estar desbordante, pues estos días ha llovido mucho.

Llego a casa cuando el sol está en su punto más bajo, a pesar de eso, la luz es brillante y tranquilizadora: como las palabras de Lucy. Entro por la ventana de la cocina, es un tercer piso, las vides fungen como una enorme escalera. Cuando regreso a mi hogar me siento seguro, es como si un aura de calma tocara mi corazón.

A veces veo a Lucy, bueno, lo correcto sería decir que veo su sombra. Ya olvidé su rostro, el tono de su voz, las caricias. ¿Ella me habrá olvidado a mí? Es obvio que sí. Si abandonas algo es para no volverlo a ver. ¿Por qué tenía que dejarme aquí? ¿Es esto lo que recibes cuando amas?

Para abandonar a alguien realmente hay que tener mucho odio.

Debo pensar en otras cosas, si me acuesto con la mente llena de odio y tristeza, no voy a poder dormir.

No me abandonó, Lucy es demasiado amable y buena para hacer eso. Solo, todos desaparecieron.

Cuidaré la cama de Lucy, dejaré la ropa llena de pelos para que cuando vuelva no pase frío.

Comeremos pollo picante y ella me cepillará. Entonces volveré a ser feliz, volveré a estar completo. Recordaré lo que se siente ser amado.


Hoy fue un día largo y aburrido.


Tengo sueño.


El sofá es cómodo. Sí, el sofá.


Esperaré ahí.


Volverá. Estoy seguro.

 
 
 

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