Monopoly
- Ela

- 16 oct 2019
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 4 mar 2021
¿Cómo pueden cambiar nuestras opiniones en diferentes contextos?
¿Qué tan fieles somos a nuestras creencias cuando se trata de "un juego"?
¿Acaso "un juego" no es en la vida igualmente, por lo que las creencias deben mantenerse? En esta ocasión se espera causar una sensación diferente, por lo que la redacción será básicamente una conversación sin ánimo de coherencia.
El desarrollo de esto, que no está muy claro qué es, no será contestar cada una de las preguntas por separado y luego llegar a una conclusión en conjunto, ya que son preguntas propuestas para que el lector las conteste y cree una opinión antes de aventurarse a conocer la mía.
Eso es básicamente todo lo que, como lector, debería saber antes de comenzar.
Para evitar entrar en lo obvio, en el análisis común de Monopoly (como si el análisis en sí fuera común) que es estrictamente económico, prefiero abordar otro punto de vista. Pero el lector necesita un poco de contexto antes de entrar propiamente a la superperspectiva que busco compartir.
Jugando Monopoly, en mi cabeza, es muy normal que surjan comentarios como "todos anticapitalismo hasta que juegan Monopoly", "aquí si todos anhelan el dinero sin sentir vergüenza" o "una prueba más de que el socialismo no es natural". En este juego todo lo que como sociedad consideramos poco piadoso es lo que nos hace ganar, y qué confrontante ha sido esto.
Comenzamos por algo muy básico, que es el análisis de la expresión "solo es un juego" —para este punto es muy importante que el lector tenga presente su opinión—.
Este espacio nos da completa libertad, ¿no?
Un juego, de alguna forma, es un punto en la vida que no tiene restricciones tan evidentes, porque las reglas se limitan a lo básico y todo se reduce al ámbito moral. Me parece que Monopoly es un perfecto ejemplo para esto, busca resumir lo que hoy consideramos primordial para vivir dignamente: propiedad e ingresos. Es como plantear la idea de que capitalismo es sinónimo de felicidad, que tener es equivalente a ser.
Pero ese es un análisis más evidente, el objetivo aquí es hablar de principios.
Es aparentemente sencillo renunciar a una causa que creemos defender cuando el contexto de la situación no es algo que tome los valores realmente en serio. Y, siendo en realidad bastante serio, los juegos nos hacen volubles. Existen muchos ejemplos de cómo dejamos valores atrás cuando nos sumergimos en algún juego, pero ahora cambiaremos "juego" por simples situaciones. Precisamente, si un juego es la vida igualmente, ¿qué situaciones se consideran correctas para modificar principios? ¿En qué contextos podemos permitir ciertas cosas que consideramos completamente erróneas? Es un debate bastante intenso, con muchas opiniones que pueden encontrarse para negar o aceptar que nos permitimos ser "políticamente incorrectos" en un juego, que luego se convierte en una situación de la vida. Y, básicamente, permitimos el contradecir diferentes creencias en la vida, ignorar ciertos valores, a menos que el juego sea, según nuestro concepto, una especie de refugio distópico para liberar todo aquello que está en nuestro interior sin tener consecuencias ni que nuestros contrincantes cambien radicalmente su opinión de nosotros. Ya que el lector ha conocido mi opinión, es importante que se pregunte si las creencias deben permanecer en cualquier ámbito o deberíamos dejar de tomar todo tan en serio y permitirnos la libertad en un juego. Sugiero que se formule la siguiente pregunta:
¿Cuál es el verdadero juego aquí?



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