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Miedo a perderse

  • Foto del escritor: Viento Invernal
    Viento Invernal
  • 15 nov 2019
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 25 ene 2020

Oscuridad; la luz que no se puede ver, cuando las sombras acaparan el mundo, las personas cesan sus actividades. El miedo a las tinieblas toma lugar, los ojos no funcionan correctamente y los pequeños detalles desaparecen entre las sombras. El bien y el mal, blanco y negro, una lucha interminable, ¿Dónde están los grises?

En el momento en que las velas se encienden, en que la luz aparece, el espacio se percibe de forma diferente. La combustión de la mecha y la cera produce una luz con un tono cálido entrañable, que puede sentirse muy débil cuando lo que intenta abarcar es amplio.

Entre más lejanas sean las superficies, menos luz llega a ellas.

Cerca de la irradiante fuente se crea una zona iluminada muy definida, lo que otorga una sensación de intimidad, como si hubiese una zona confortable alrededor de la cálida vela, una íntima relación aislada del resto del mundo, una bella conexión que aun con los ojos cerrados puedes ver. Si vamos encendiendo más velas, poco a poco esa área se agrandará hasta que todo el lugar quede al descubierto. Pero ¿con que propósito? ¿Cuál es el afán de las personas en comprobar todo lo que existe? ¿Cuál es la ofuscación de ver con sus propios ojos todo lo que los rodea? ¿Qué pasa si no hay fin? ¿Cuál sería la reacción al encontrarse con un callejón sin salida?

Es frustrante ver que lo que habías buscado no es lo que esperabas, y que al voltear y querer dar marcha atrás, aquel camino de velas se ha extinguido por completo, que aquella oscuridad que intentaste eliminar tomó lo que pensaste que habías descubierto, y simplemente lo hizo desaparecer. Sin embargo, sabes que está ahí, sabes que hay un camino de vuelta.

¿Tomarías la molestia de volver a encender las velas sabiendo que se apagarán? ¿Cómo escapas del destino? ¿Cómo huyes de la sofocante realidad? La obsesión de poder, de conocimiento, te obliga a buscar salidas aunque no existan. Y al final del día te frustras porque todo tu esfuerzo fue en vano. ¿Por qué no simplemente dejarse llevar por los sentidos y adentrarse sin temor en la oscuridad?

En vez de perderse buscando cosas en lo amplio del cosmos, de centrarse en ser, en convertirse, divagar a lo largo de la mente, desentrañar los miles de pensamientos que van y vienen durante el silencio de la noche y la soledad de la mañana. ¿Por qué no, en vez de preocuparte por aquello que no lograste, disfrutar de lo poco que sí?

Algunas cosas son tan invisibles como el aire, pero tan reales como el sol que marca un nuevo día.

¿Realmente hay un final? ¿Por qué el odio se asocia con los colores oscuros? ¿Por qué es tan difícil abrirse a lo desconocido, aprender a soltar? La clave para controlar tu ansiedad, por la pérdida de control, es dejando ir tu demanda de saber lo que deparará la vida.

 
 
 

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