Era del síncope
- Ela

- 13 may 2020
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 4 mar 2021
Simplificar la pérdida no facilita el consuelo, al menos para Esther.
La encontré tendida entre las hojas caídas más antiguas. Cuando la levanté, al crujido de las hojas secas se sumó el de su alma, como si el dolor comunicara a través del oído, pero sin palabras. Me observaba agradecida, porque ya no estaba sola en su travesía, y también suplicaba que le mostrara el camino de regreso. No tenía mucho que ofrecerle, pero la ubiqué en mí con rapidez, al parecer era tarde, no porque ella tuviera prisa, pero le urgía conocerme para ubicarse en el momento. Le pedí una historia, en lugar de su agradecimiento.
''Estaba con Lorenzo, mi primo, mercando. Solo faltaban las frutas, yo quería manzanas rojas y Lorenzo verdes. Dejamos el carro en el pasillo y jugamos a que el primero en llevar una manzana cualquiera al carro elegiría las manzanas. Debí pensarlo mejor, tenía unas zapatillas muy poco precisas para la competencia, tuve que esforzarme el doble por esa elección. Estaba dominando mis pies, hasta que una zapatilla se separó de mí.'' Se detuvo a reír. ''Salté para continuar la carrera en un pie, con dignidad, pero duró hasta que me caí. En este momento comienzo a contarte la historia desde la perspectiva de Lorenzo, ¿cuál es tu nombre?'' Le dije que daba igual y no tenía relación con el punto de la historia, que continuara y luego se enteraría. ''Bien, estuve unos cinco minutos en el piso, rodeada de zanahorias que, al parecer, tiré para sujetarme antes de caer. Y eso nos dice que evitar la caída fue más trágico que aceptarla, ¿no crees?'' Reía de nuevo. ''Por supuesto, llegó un empleado del supermercado. Lorenzo me levantó y comenzó a explicarle la situación, omitiendo el juego, claro, lo simplificó a un torpe accidente. El hombre no le creía, o le daba igual, no sé, en ese momento yo aún estaba regresando a mí misma.'' La interrumpí y pregunté si ya había cambiado a su perspectiva, o seguía con la de Lorenzo. ''Ah, sí, yo de nuevo''. No interrumpí por segunda vez, pero no entendía la relevancia de ese cambio de perspectiva, solo incluyó el detalle de las zanahorias, ninguna otra información relevante. Creo que solamente buscaba complicarse más. ''Y el hombre no dejaba de mirarnos de manera extraña, supongo que era porque tendría que limpiar el desastre luego. Nos conmovió y levantamos las zanahorias entre los tres. Dijo que si alguna se había echado a perder, tendríamos que pagarla. Lorenzo quería discutir eso, pero por orgullo, en realidad era una medida justa y lo sabíamos. Terminamos de levantar las zanahorias, y el hombre hacía el control de calidad. Tuvimos que pagar tres; dos amortiguaron mi caída y una fue discutida, pues parecía que el daño era anterior a mi caída. Pero la discusión no llevó a nada, preferimos pagar, o al menos yo. Lorenzo estaba cerca a la ira, pues era el dinero de las manzanas allí. No hablamos mientras pagábamos el resto de mercado, ni nos despedimos del hombre.'' Hizo una pausa, ausente de risa. ''Luego, en el auto, Lorenzo me gritó. Se hartó de mi torpeza, supongo. Yo pensé que el silencio en el supermercado era para reírnos luego sin ser imprudentes, pero no, en realidad estaba molesto. Él suele ser así, se enoja y grita cuando hay dinero en el asunto, por eso solo callé. Pero luego comenzó a involucrar otras peleas, y no sé en qué punto, pero yo también me harté. Esperé una luz roja y salí del auto, Lorenzo no hizo nada.' Se detuvo, me miró confundida un rato y continuó. ''Creo que yo sí hice algo más, pero no lo recuerdo.'' Sugirió que tal vez fue arrollada por un auto, se fue a beber o su cabeza aún sufría por la caída, no lo sabía. Pero yo sí.
- Esther, no seas absurda.
- ¿Cuándo lo he sido? - Reía, pero no la misma risa inicial.
- Te desmayaste diez segundos, no cinco minutos.
- ¿Y eso qué?
- Y tus teorías no involucran terminar bajo este árbol.
Le expliqué que la había tomado luego de bajar del auto porque, efectivamente, estuvo a punto de ser arrollada. Me tomé la libertad de traerla a mi jardín, porque solo le importaba a Lorenzo, y él no quería extrañarla en el momento. También le dije que probablemente se sentía perdida porque había estado toda la noche bajo el árbol, y eso es inusual, nadie suele dormir ahí. Permaneció en silencio. Luego de unos segundos, mencioné que podía ver a Lorenzo de nuevo si quería, si no, debía decirme dónde quería regresar, desde que fuera coherente conmigo. Su única pregunta fue ''¿Por qué?'''
Y lo admito, la respuesta es infantil, pero se trata de un reto; el tiempo todo lo cura. Tomo esto en serio, actúo conforme a ese principio. Esther fue solo uno de muchos casos afectados y confundidos, por mi pertinencia y condescendencia, no solo les permito invertir minutos en pensar antes de actuar, sino curo los minutos, y de paso, a ellos. No tenía que profundizar en mi orgullo, eso resulta cada vez más agotador. Esther habló un rato desde sus propias conclusiones, creía que reducir de tal forma su situación con Lorenzo, y el proceder de ambos, era egoísta de mi parte. Le di la razón, nunca contradije lo caprichoso de mí mismo aceptando frases como retos de vida. Terminó su aporte, y regresó con Lorenzo.
Arreglé el jardín y preparé el árbol para el siguiente paciente, el número de estos es directamente proporcional al aumento mi credibilidad.
Aunque aún pienso que debí elegir a Lorenzo, en lugar de Esther.



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