Depresión
- Viento Invernal

- 3 feb 2020
- 8 Min. de lectura
Actualizado: 25 feb 2020
La depresión se apodera de ti silenciosamente.
Al principio tienes problemas con las cosas pequeñas de repente todo parece tan… complicado, pero logras de una u otra forma ignorarlas.
Es como un dolor de cabeza, un poco de descanso y una pastilla y todo estará bien.
Es solo un mal día.
No lo es, lentamente y sin descanso va echando raíz en tu cabeza. Te acostumbras a usar una máscara, sin que te des cuenta te sale natural el ir cada mañana y ocultar tu rostro. No tienes más opción que vivir entre la multitud, convivir con la gente, es algo que tienes que hacer, y todos los demás lo hacen.
Pasa el tiempo, pasan meses, incluso años, pero el problema no desaparece, a veces te sientes mejor y en ocasiones mucho peor. Te esfuerzas por actuar todos los días, pero te empieza a costar más y más y más.
Ahí es cuando comienzas a caer en lo más profundo. Y es entonces cuando empiezas a alejarte de amigos y familia. A veces ignorándolos en su totalidad. Las grietas en las mascaras son irreparables, lo único que puedes hacer es tirarlas y conseguir una nueva, pero… ¿Par qué? No es como si importase al final del día.
Todas las satisfacciones desaparecen… Las pequeñas cosas que solían hacerte feliz, sentirte mejor, impulsarte a soportar el dolor de la soledad ahora son insignificantes, la lluvia de emociones que te hacían sentir vivo ha amainado y ahora solo te queda una leve llovizna antes de una gran sequía.
Incluso las cosas simples se vuelven dolorosas. Muy dolorosas.
Por eso pierdes la motivación. ¿Por qué seguir haciendo cosas si nada te hace feliz? ¿Por qué seguir viviendo sin ninguno de tus esfuerzos ha funcionado?
Todo esto te hace sentir incluso peor, y sin darte cuenta, te ves atrapado en un círculo vicioso. Uno detestable.
De pronto te das cuenta de que estás viviendo en cámara lenta. Cada movimiento lo cuestionas, cada acción parece tan difícil de realizas y más aún de lograr.
Los días son indistinguibles… A pesar de que no tienes una rutina para por lo menos intentar guiar tu vida, todo se siente igual de monótono todo el tiempo, eres como un pequeño navío en el océano, en medio de la noche, una oscura noche sin ninguna estrella y sin brisa, simplemente estás perdido en un espacio vacío del cual no puedes escapar, por más que avances, nada cambia.
Todo a tu alrededor se vuele un simple ruido carente de sentido. Una pesadez que inunda tú ya frágil mente, se reparte por todo tu cuerpo como un potente veneno que te consumen desde adentro. Encadenándote en los mismos aburridos pensamientos. Deseas no escuchar nada así que te cierras al mundo que te dio la espalda, a las personas que te rechazaron, a aquellos que quienes parecías importarles, para cuando en un momento de necesidad volteen la vista a otra parte.
Entonces empiezas a escuchar voces, voces que divagan de un lado para otro en los rincones de tu mente. Al principio es solo un tenue murmullo, incluso parece entretenido. Sin embargo, cada día que pasa son más y más, no sabes quienes son, no sabes como llegaron, pero están ahí, puedes escucharlos, escucharlas. Dicen cosas que te entristecen aún más, pero… te das cuenta de que en realidad tienen razón, y al final del día, en medio del frío de tu habitación, son tu única compañía, por lo que no sabes que pensar ¿Realmente te estás volviendo loco? ¿O solo es una mala pasada que te jugó el cansancio?
Sientes que nunca volverás a ser feliz. Y temes que tus actuaciones pierdan credibilidad, de repente temes que alguien te pregunte “¿cómo estás?” ¿Qué es lo que vas a responder? ¿Dirías la verdad de tu situación? De repente te aterra la ayuda que hace tiempo dejaste de buscar, tienes miedo de que alguien sienta las cicatrices en tus muñecas, que escuchen tu estomago suplicando por comida, pues la tristeza te quita el apetito, tampoco tomas agua, no tomas nada, solo comes cuando te están observando, solo lo haces para no alertar a nadie y poder seguir estando en quietud.
Sigues alejándote y terminando relaciones. Te sientes avergonzado de todo lo que has hecho y sobre todo de lo que no has hecho. Tus remordimientos te consumen mientras intentas perderte en el vacío de tu mente. A veces las voces se vuelven demasiado fuertes, demasiado intensas, demasiado groseras en ocasiones. Te pones los audífonos todo el día intentando disiparlas, pero se han arraigado tanto a tu cabeza que cuando el más mínimo silencio, vuelven a hablar, y recargadas de energía.
Aun hay una parte de ti que quiere arreglar las cosas. Un impulso positivo repentino que te hace querer salir, luchar, cambiar, conocer personas. Pero… no dura demasiado porque sabes que de todas formas no funcionará. Hay tanta tristeza en ti que ni siquiera tienes fuerzas para llorar, no quieres hacerlo, no puedes hacerlo, porque si lo hicieras sería una muestra de que en el fondo no te has rendido, de que aún hay tiempo para un cambio.
Buscas canalizar el dolor en otra cosa, piensas en dañar a los demás, no puedes, no tienes la fuerza necesaria para hacer algo tan malo. Así que queda solo una salida, lastimarte a ti mismo. Solo quieres probar, saber que se siente, por qué hay gente que lo hace. Y rápidamente te encuentras con algo que crea sensaciones extrañas en ti. De repente sientes adrenalina, el dolor se focaliza en un punto que si puedes tratar, un dolor que si puedes aliviar. Sientes angustia al no encontrar el bisturí, y un gran alivio al recorrer con la afilada punta tus muñecas de lado a lado. No obstante, pronto tu piel se reseca y se vuelve más fuerte, la hoja pierde su filo y es más difícil hacerte sangrar. Puedes dejarlo, lo has dejado, pero es una sensación extraña, no te controla, pero aún así deseas más y más. Cuando no hay espacio en tus muñecas empiezas a subir, a afilar las cuchillas, a cambiar de mano. Sin que te des cuenta se vuelve una verdadera adicción, no al hecho de lastimarte, sino al de sentirte aliviado.
Las que emocionan a tus “amigos” te dejan indiferente, te vuelves consciente de la brecha que hay entre tú y ellos, entre tú y las personas, entre tú y el amor. Las cosas que te emocionaban a ti, lentamente pierden sentido, significado, propósito.
Otro fracaso no es una opción. Así que elijes estar solo, donde estas más tranquilo, incluso seguro. Donde nadie te hace preguntas. Aunque al final de todo, la soledad te empieza a atormentar de gran manera. Empiezas a ver más cosas, tus ojos se afilan, al igual que tus pensamientos, de ahí nace un odio irracional, ves desde una celda impenetrable como todos pasan frente a ti, como te ignoran, como no te voltean a ver ni siquiera para escupirte. Como todos te desprecian, como todos te juzgan por lo que hace mal. Se vuelve una carga muy pesada, y lo único que puedes hacer es odiar, odiar con una fuerza sobrehumana, odiar a aquellos que son mejores que tú, odiar a aquellos que tienen talento, a aquellos que no te prestan atención, aquellos que ven en ti algo sin valor. Empiezas a odiar a todo el mundo, incluso a quienes apreciaste una vez.
La baja autoestima y la falta de propósito se vuelven insoportables. Los comentarios de “aliento” de los demás te irritan más de lo que te ayudan. ¿Qué van a saber? Por que todos sus argumentos de reducen a: “Pasará”. O, “Es algo normal”. O, “Es la adolescencia” “Solo deja de estar triste” “Solo cambia de actitud” … Que molesto. Sin que te des cuenta todo lo que haces parece estar mal, parece que todo es tu culpa, finalmente te das cuenta de que eres escoria, de que no tienes valor alguno. Ves como de lo que te sentías orgulloso es pisoteado y superado por todos una y otra vez. Tu odio crece de manera insana, cada detalle adquiere un valor incalculable, cada movimiento, palabra y mirada se vuelven trascendentales. Tus ojos se llenan de ira y rencor, son como llamas infernales que no se extinguen nunca. Pero… al final, el fuego chisporroteante y la luz rielante junto al denso humo que produce existen con un único propósito: ocultar tu profunda tristeza, tu desquiciante “Depresión”.
Hay que ser sinceros, no todo es mal, no es posible ¿verdad? En alguna parte debe haber alguien bueno, alguien sincero y autentico. Una persona por la que valga la pena vivir. Sin embargo, lo único que encuentras es un estresante gris, cada quien cree tener la razón, una verdad absoluta, de repente todos están en un pedestal de perfección y sabiduría. La pretenciosidad de los que te rodean te enferma, solo aviva más las llamas de tu odio, odio hacia quienes se creen importantes, hacia aquellos que aparentan más de lo que son. Aunque bueno, para ti ahora todos son lo mismo: Escoria humana.
Pero hay algo más, hay algo que odias más a todos los demás, algo que de solo verlo te entran ganas de vomitar, ganas de enterrarte vivo, de arrancarte la piel del rostro con tus propias manos, de sacarte los ojos y quemarlos. Tu mismo, no hay nada que puedas detestar más, no hay nada que puedas repugnar más que tu mismo. No puedes evitarlo, no soportas ver en lo que te has convertido. No soportas ver tu impotencia. Te olvidaste de sonreír, te forzaste a hacer alguien quien no eras en el pasado, y ahora no eres nada, todo fue en vano. Te sientes como un inútil, como escoria, como un estúpido idiota. Todos tus sueños han muerto, todas tus metas se han borrado, todo por lo que luchaste se ha desvanecido. Y ya no hay nada que puedas hacer, solo aceptar el hecho de que no tienes valor alguno, de que eres un asco de ser humano, de que no vales para nada, de que lo mejor que podrías hacer es morirte.
Finalmente te das cuenta de que no puedes continuar así, no puedes ocultar tus verdaderos sentimientos y actitudes, los más cercanos a ti se preocuparan, pocos son los que lo harán. ¿pero ya que puedes hacer? Las pensamientos podridos se han arraigado, se han enredado en tus huesos y han absorbido la vida de tu corazón. Estás infestado por vides de maldad, tristeza y odio. Y no hay tijeras que puedan cortarlas, la única manera de sacarlas de ti es arrancándolas de raíz junto a donde se aferran. Arrancarte el corazón y los huesos.
¿Ahora qué vas a hacer? ¿Qué puedes hacer?
Nada…
Al final de todo te quedan dos cosas. Una salida y una esperanza.
¿Pero alguien como tiene derecho a elegir?
Has aprendido que no tienes valor, tu no mereces nada. ¿Quién sería tan idiota como para juntarse contigo? ¿Hay alguien que tenga el antídoto?
Nadie…
La única salida que tienes es la muerte. Algunas de las voces te lo recomiendan. “Muérete de una vez” “A nadie le importas, solo muérete” “Muérete y todo estará bien” “Muérete y no sentirás más dolor ni tristeza” “Suicídate, no pasara nada” “Suicídate, podrás descansar por fin” “No te mereces esta vida ni ningún otra” “Muérete, le harás un favor a todos”
Pero no puedes hacerlo, no tienes la fuerza necesaria. Y además… te mereces el infierno que llamas vida. Un final tan tranquilo como morir, no te lo mereces. Debido a la basura que eres, te mereces el sufrimiento constante que tienes y cosas aún peores.
¿Cuál es el dolor más grande que has sentido?
Yo te diría el mío, pero ya lo escribí en un texto que probablemente nuca leerás. Y fue bastante doloroso…
¿Te has puesto a pensar qué es lo que te mantiene con vida?
¿Son tus seres queridos? ¿Tus amigos?
En mi caso es algo difícil, realmente amo a mis animales más que a nada en este mundo, y tengo miedo de decirlo, pero lastimosamente ellos vivirán mucho menos que yo, y ese es el dolor más insoportable que he sentido nunca, ver morir lo que amas y no poder hacer nada al respecto. Y también en parte por los más cercanos a mí, no sería justo con ellos, en más de un sentido.
Pero al final que más da, si yo muero primero, no tendré que verlos morir…
La verdad, lo único que hago es esperar, vivo por vivir… Solo estoy esperando que alguien me salve… que me enseña a amar, y que me ame. Si, yo, quien odia el amor más de lo que puedo expresar en palabras (que ya están expresadas en el texto maldito), pongo mi ultima esperanza en encontrar el amor. Pues, aunque carezca del carácter firme, luchador y constante que si posee el odio, y aunque me cueste admitirlo, el Amor es el sentimiento más fuerte de todos. Y lo único que espero es que llegue a mi antes de que sea demasiado tarde. El tiempo no se detiene, y mis pensamientos son cada vez más oscuros.
En realidad ya perdí la esperanza.



Comentarios