Conversión en miradas
- Ela

- 11 dic 2019
- 1 Min. de lectura
Actualizado: 9 mar 2020
Dame un momento a tu lado, una tarde para observarte.
No me hables, no me toques, no me escuches.
Solo permíteme sentarme frente a ti y mirar fijamente tus pupilas.
No podemos parpadear, no si eso implica un segundo menos mirándonos.
Cuéntame historias con tus cejas, tus labios inertes y tu nariz tan pequeña.
Tu rostro describe cada una de esas historias, no decimos nada, solo nos sentamos.
Permitámonos una tarde así, que mirarnos sea suficiente y que descifremos nuestras almas solo con la presencia, que las ideas floten a través de nuestros ojos y se encuentren en el espacio que queda cuando nos sentamos frente a frente.



Comentarios