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¿Agua o Fuego?

  • Foto del escritor: Viento Invernal
    Viento Invernal
  • 15 mar 2021
  • 3 Min. de lectura

No existe la solución perfecta


Que grande y complicado parece todo la primera vez que lo vemos. El sentimiento de asombro nos hace entender la belleza de vivir y de forma casi tangible nos demuestra lo pequeños que somos. Generalmente la monotonía es retratada como algo negativo, aburrido y que le quita el significado a la vida. No creo que sea algo malo: la estabilidad y la quietud es un privilegio para los de corazón tranquilo y mente resquebrajada. Es innegable que lo rutinario tiende a ser aburrido, incluso en lo que más amamos hacer: como dibujar, escribir o hacer música. Llega un punto en el que el fuego de la pasión se extingue, puede ser por la vejez, la falta de aire o por ser alimentado con madera húmeda.


La frustración de la propia debilidad es capaz de arrebatarle la leña a cualquier persona. Estamos tan acostumbrados a la rutina, que la muerte de los sueños es algo de todos los días. Después de todo, es mejor concentrarse en lo que hay que hacer, en vez de lo que queremos hacer, pues, al final esos deseos solo son sensaciones fuertes en un arrebato de euforia que no suelen tener futuro: lo que queremos hacer choca con la realidad. ¿Y si dejo todo para ir a donde quiera? Entonces estaría abandonando a quienes me aprecian y botando el progreso de lo que ya conseguí. ¿Debería renunciar a este complicado trabajo que me está consumiendo desde adentro? No, perdería más de lo que gano, pues la decepción familiar y el arrepentimiento de haber fallado dura para siempre. Estamos atrapados como ganado etiquetado y quien decida revelarse está condenado a ser silenciado.


La constante renovación tampoco es una solución, pues, ¿qué pasa si el fénix consume sus cenizas? Nuestros cuerpos mortales nos limitan, nos esclavizan a la muerte, hemos aprendido a convivir con los horrores del mundo y descubrimos como utilizar sus elementos para nuestra supervivencia, entidades que, aunque llevemos milenios aprovechando sus características positivas y negativas, están fuera de nuestro control. El agua es el mayor exponente de la fuerza oculta, la necesitamos para sobrevivir y la usamos para limpiarnos y despertarnos. Pero ella es capaz de causar destrucción a gran escala, es capaz de quitarnos la respiración, de enterrarnos bajo miles de kilómetros. Está en sus manos la posibilidad de apagar cualquiera de nuestros fuegos y arrastrar a las profundidades toda nuestra leña.


Aunque la idea de escapar y dejarlo todo es tentadora, el mar se yergue como una barrera inamovible que aumenta su altura cada día. Aunque los barcos estén increíblemente avanzados, no hay forma de ordenarle a las olas que se amainen, es imposible que la tormenta acuda a nuestros llantos y detenga su ira porque se lo imploramos. Entonces hay que construir refugios en las alturas, así escaparemos de la implacable fuerza del océano, ¿verdad? Una desventaja de estar vivo y ser un humano es que somos frágiles, así como el mar es capaz de ahogarnos, el fuego de calcinarnos, las alturas son capaces de fracturarnos. Entonces, solo hay que ser precavidos. Nunca se es lo suficientemente cuidadoso, la única posibilidad sería encerrarnos en una burbuja de aire, en nosotros mismos y no intentar nada. Quizás sea la mejor opción, puede que de esa forma evitemos el sufrimiento y hallemos paz. Pero estaríamos sacrificando nuestra libertad, y una monotonía de esclavitud suena a muerte en vida.

 
 
 

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