A mano
- Ela

- 18 abr 2020
- 1 Min. de lectura
Marchaba la caligrafía de dos almas al compás de su incertidumbre; escribir evitaba que las palabras fueran olvidadas, pero no garantizaba las frases.
Dos almas que no podían verse con claridad, pero participaban con sus manos, intentando plasmar las memorias de un cerebro atontado y anonadado por la elevación de novela romántica.
Primera alma que cazaba el olvido de su pareja, destruyendo toda posibilidad de amnesia, mientras se asombraba por la palabra poética que se impregnaba en ella.
"Vayámonos a nuestro paraíso azul, vayámonos a la vorágine en las lágrimas del corazón"; como primer deseo de un alma.
Segunda alma que elige discernir entre verdad y huesos, para así asegurar su participación en el crecimiento del amor. Va saboreando la poesía hasta que se convierte en palabra.
"Recobremos la existencia, regresemos al amanecer y señalemos lo que seremos juntos"; como primera oda entre dos almas.
Ninguna certeza se camufla, simplemente no se encuentra. La poesía que forma el amor no es clara con su caligrafía (por eso marcha y no danza), pero convirtió a dos almas en una sola; en el compás más inusual de los cuentos.



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