top of page

Indagación; yo

  • Foto del escritor: Ela
    Ela
  • 6 nov 2019
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 4 mar 2021

Esto no será sobre intereses o sugerencias para temas de conversación conmigo, nada de eso, pues al final todo aquello resulta ser solo un disfrute. Estos son fragmentos de mí misma.


Suelo cansarme de mi temperamento, de reflexionar, porque actúo de formas absurdas la mayoría del tiempo. Soy, honestamente, un ser algo patético. Y me canso de serlo, diariamente. Pero no solo me canso de mí, también de todo y de nada, de lo que no identifico y de lo que es evidente.

La solución que encuentro es esconderme de todo, refugiarme muy dentro de mí, donde todo continúa cansándome, pero ya lo acepto. Porque se trata de mí y ya en ese punto no hay escape, solo aceptación. Me oculto y eso es todo.


Ocultarme me obliga a no vivir. A estar tan segura, tan adentro, que ya el exterior se vuelve confuso y no llego a salir más. Pero esto no significa que no me interese ese exterior, que ame estar detrás de todo y nunca en nada, no, me interesa muchísimo. Solo no parece viable, aunque lo intente y busque llegar hasta un lugar que al menos no esté en mi refugio, no funciona.


Y es que tampoco estoy muy cómoda con el lugar en el que vivo, necesito escapar, necesito liberar a mi ser y permitirle conocer. Solo dejarlo volar y que sea lo que desee, no permitirle nada, ni guiarlo: que sea y que eso sea todo. Es que huyo constantemente, pero curiosamente nunca logro salir del lugar y me quedo en la misma posición, pero en momentos diferentes y así terminan mis días. Para luego querer huir de nuevo y regresar y huir y volver al camino y correr, pero no volar.


Oculto cada sufrimiento y cada crisis que se presenta en esa búsqueda de libertad, todo lo que busca salir simplemente lo obligo a quedarse. Pero sí que me gusta llamar la atención, a otros, a mí o a los míos. Busco mostrar que existo, que soy, que siento y que no puedo liberarme.

Pero a la vez no.


Ese es el punto, mis contradicciones y conflictos internos, que no me conozco y tampoco me esfuerzo por hacerlo. Quiero; pero no, siento; pero mucho. Y eso es lo único que sé, lo único que me ha interesado descubrir sobre mi ser y sus anhelos. De ahí en adelante, es un misterio.

No tengo la certeza de lo que se encuentra en mi interior.


A veces me llevo a cambiar, para crear una versión que conozca a la perfección y no correr el riesgo de sorprenderme con características molestas, para no arriesgarme a aceptar mi ser original, porque ese ser debe aceptar la nueva versión. Para no complicar más las cosas, lo más sensato es cambiar para obligarme a ser mi deseo.


Y otras veces quiero admirarme, pero admiro más a todo. Todo me sorprende, todo me parece maravilloso, todo es tan bello. Y esto resulta lo más coherente, pues para alguien que nunca sale de la caverna la luz siempre resultará fascinante. Admiro el mundo y lo que es.


Aunque, todo es tan deprimente. Todo me fascina, y a la vez nada. Al mismo tiempo la luz es trágica, la luz duele. Y todo está tan impregnado de ella, que nada es fascinante nunca más. Regreso y, una vez más, me refugio un largo tiempo hasta llegar a amar el exterior, para luego odiarlo de nuevo.


Tal vez se deba a que no sé qué es lo que amo hacer, como no me conozco, no llego a mis intereses. No sé lo que disfruto con pasión, disfruto cosas, pero van y vienen, como el interés en ellas. La pasión parece no estar vigente nunca, es más una ilusión. 


Si me atrevo a decir que disfruto algo, sin duda, es la naturaleza. Es bellísima, es tan hermoso seleccionar flores e imaginar qué hacen las mariposas cuando se alejan de mí, es hermoso estar en el mar y recibir las olas solo en la mitad de mi cuerpo. Es hermoso el exterior, lo es. Pero soy selectiva con las cosas hermosas, no todo lo disfruto. A veces me desespera estar en el mar y me ahoga el perfume de mis flores favoritas. No disfruto todo al máximo, por eso no hay pasión.


Y aunque no haya pasión, sí soy dedicada. No olvido con facilidad algo que me interesó ligeramente. Tal vez no haga nada al respecto, pero está ahí, porque me interesó y lo disfruté, no se irá tan fácil. Las mariposas siguen en mi imaginación, siempre habrá una mariposa. Siempre.

Y si llega la pasión, será en el amor. Amo intensamente. Siento tanto, no solo amor, también dolor y frustración, es intenso. Y abrupto, también, no controlo lo que siento y termino sumergida en lágrimas cuando es el momento menos adecuado.

Pero amo. Amo.


Amar tan fuerte lleva a creencias no negociables, si en algún punto estuve segura, no renunciaré a ello. Me niego a mí misma, y me niego a conocer si me lleva a contradecir una de mis creencias. Porque eso no es negociable, y no tiene más cuestionamientos. Amo ser tan firme, no por mí y mi firmeza, sino por la pasión que llego a sentir. Por defender algo.


Es cierto que eso me hace ignorante en ocasiones, que rechazo el conocimiento sin restricciones. Pero disfruto hacerlo, disfruto ser firme, me prueba a mí misma. Y aquí entra la pretensión de inteligencia, el adkinof como fundamento de mis actos. Pretendo saber y conocer lo suficiente como para estar segura de lo que defiendo. Pero no es así, no conozco y aún estoy en el refugio inicial.


Pero sí me gusta aprender, no por pretensión, sino por sentirme bien hablando conmigo misma, por saber que sé. Y que me gusta la cultura, que el conocimiento es genuino cuando se trata solo de mí porque aprender es mi distracción cuando no conozco nada.


Como voy aprendiendo, llego a conocer el arte e intento construirme como una bella obra, me esfuerzo y espero admirarme. Tal vez soy un cuadro de Monet, o aspiro a serlo.

Pero nunca valoro quien soy, nunca valoro mi obra. Soy crítica con lo que hago, todo, odio (aunque disfruto) profundamente este texto. Soy escéptica con mis obras y yo soy una de ellas.


Es que quiero todo, todo de mí, que si algo es lindo lo sea absolutamente. Quiero todo, busco todo, pero solo obtengo un pequeño porcentaje de ese total. Y me esfuerzo, a veces ligeramente, pero no soy absoluta, ni el disfrute lo es. Solo está ahí, representando un poco del todo que busco.

Necesito saber qué busco exactamente, necesito saber a qué punto quiero llegar. Y pensar cómo, pero no solo pensarlo, tenerlo claro y no salirme de esa ruta planeada específicamente para ese todo. La espontaneidad no va conmigo, no puedo simplemente ser como se me va ocurriendo, necesito una guía, una impuesta por mí, creada para llevarme a ese todo.


No lo alcanzo. Jamás. Y exploto.

Pero no es un acto evidente, sino que está en mi interior. Allí estoy colapsando y derrumbando constantemente, porque no llegué a ese todo, pero el caos no alcanza el exterior. A veces sí, casi nunca.


Solo espero que esto me haga interesante, quiero serlo, quiero comprobar que hay muchísimo en mí, que no soy lo que muestro, ni este texto, ni mis poemas, ni nada. No soy nada, pero todo está en mí.

Tal vez llegar a mí sea ese todo.

Mi obra será ese todo y yo soy la obra.


Busco amarme y apasionarme por cada aspecto de mí.

Amo mi ser en construcción, aunque me odie y me frustre por ser yo.


Al final, elijo una verdad y parto de ella para analizar todo.

Una verdad no negociable.

Soy por amor, mi existencia se resume al amor. Ese amor proviene de un punto específico. Esa es mi verdad no negociable, eso soy.



Soy algo indefinido, soy combinaciones y viajes de mariposa.

Entradas recientes

Ver todo

Comentarios


Te has suscrito a Adkinof

bottom of page